La planta que conquista la alta montaña
Por encima del límite del bosque, donde el viento y el frío dificultan el crecimiento de árboles, los brezales se convierten en uno de los paisajes vegetales dominantes de los puertos y brañas de los parques naturales asturianos, como los de Somiedo. El brezo (géneros Erica y Calluna) es un arbusto bajo, leñoso y extraordinariamente resistente, capaz de prosperar en suelos pobres y ácidos donde pocas otras plantas sobreviven.
Un manto que cambia de color en verano
A finales del verano, normalmente entre agosto y septiembre, los brezales alcanzan su momento de mayor esplendor: las laderas de los puertos de montaña se cubren de un denso manto de flores pequeñas en tonos rosados y púrpuras, un contraste muy reconocible frente al verde de los prados y el gris de los roquedos cercanos.
Este matorral de montaña convive habitualmente con otras especies de porte bajo adaptadas a las mismas condiciones duras de altitud, viento y suelo pobre, formando junto a ellas un mosaico vegetal típico de las zonas altas de pastoreo tradicional, las conocidas brañas.
Una planta con tradición
El brezo no es solo un elemento paisajístico: tiene un papel histórico en la cultura rural asturiana. Sus ramas, flexibles y resistentes, se han utilizado tradicionalmente para fabricar escobas rústicas, y sus flores son muy apreciadas por las abejas, siendo la base de la conocida miel de brezo, un producto típico de las zonas de montaña con un sabor intenso y oscuro muy distinto al de la miel floral común.
Además, al tratarse de una planta que cubre el suelo de forma densa, los brezales cumplen un papel importante reteniendo el sustrato en pendientes expuestas, ayudando a frenar la erosión en zonas donde el árbol no puede establecerse.
Cuándo y dónde disfrutarlos
La mejor época para apreciar los brezales en su esplendor floral es el final del verano, cuando las rutas que ascienden a los puertos y brañas de montaña, como las que recorren la zona alta de Somiedo, ofrecen vistas de laderas enteras teñidas de púrpura. Es un buen momento para combinar una ruta de senderismo con la observación de uno de los paisajes vegetales más característicos —y menos conocidos— de la alta montaña asturiana.